Historia
de la Misión
La Iglesia Católica en Tayikistán existe
aproximadamente desde hace unos 40 años. Sin embargo,
a partir del año 1974 comienza a desarrollarse y tener
una estructura más sólida cuando los fieles
católicos construyen los primeros templos en la ciudad
de Dushanbe y en el sur, en la ciudad de Kurgan Tubie.
Los primeros católicos, en su mayoría de nacionalidad
alemana, llegaron de Rusia, Ucrania y Lituania, en las deportaciones
de la época de la Unión Soviética. Fueron
ellos los pioneros que trajeron la semilla de la fe católica.
La comunidad católica en Tayikistán estuvo durante
muchos años aislada de la Iglesia Universal debido
al régimen comunista, y esta circunstancia contribuyó
a la identificación de la Iglesia Católica con
una suerte de “Iglesia alemana”. En efecto, así
era denominada por la gente del lugar, porque la mayoría
de los católicos eran de nacionalidad alemana y el
alemán era la lengua usada en la liturgia.
Durante muchos años la comunidad católica fue
creciendo y llegó a ser una de las
más numerosas de la Unión Soviética.
A partir de la trágica guerra civil del año
1992-1993, comienza el gran éxodo no solo de los fieles
católicos, sino también de una gran mayoría
de otras etnias, que deciden abandonar el país por
una situación difícil de sostener. Fue así,
que los templos católicos comienzan a quedar vacíos,
inclusive durante algún tiempo no hubo sacerdotes.
La comunidad católica se sostuvo gracias al esfuerzo
de los pocos fieles que quedaron y a la
valiosa asistencia espiritual y material que brindaron las
hermanas de la congregación de la Madre Teresa de Calcuta,
que no permitió la total dispersión de la comunidad.
En esos años comenzaron a venir sacerdotes de manera
periódica, de la república de Kazajstán,
para atender las necesidades más apremiantes de los
fieles.
De este modo, la Iglesia Católica a pesar de los difíciles
momentos por los cuales tuvo que atravesar se mantiene de
pie. La caída de la Unión Soviética fue
problemática en todos los aspectos, a eso hay que sumarle
lo trágico de una guerra civil, que fue causa de que
muchos fieles tuviesen que abandonar el país. A pesar
de todo, la Iglesia Católica en Tayikistán no
dejo de existir, al contrario, comienza a crecer, a renacer
una nueva comunidad, con características propias, que
ya no es identificada con la antigua denominación de
la “Iglesia alemana” sino con la Iglesia Católica
Apostólica Romana.
El 29 de septiembre de 1997 su Santidad el Papa Juan Pablo
II, erige la Misión “Sui Iuris" en Tayikistán,
entre otras cosas para proveer una atención más
dedicada a los fieles católicos presentes en dicho
territorio. La Misión Sui Iuris fue encomendada al
Instituto del Verbo Encarnado, siendo a su vez nominado como
superior eclesiástico el Rev. P. Carlos Ávila
IVE, miembro de dicho instituto.
Las
misiones “sui iuris” son aquellos territorios
de Misión que no forman parte de algún Vicariato
o de alguna Prefectura Apostólica. Dichos territorios
son conducidos por un Superior eclesiástico del cual
dependen las estaciones misioneras y el personal misionero
del territorio. Las misiones Sui Iuris surgen por decreto
Excelsum del 12 de septiembre de 1896.
Hoy en Tayikistán existen tres parroquias y un centro
misionero. En el territorio trabajan 5 sacerdotes del Instituto
del Verbo Encarnado y 4 religiosas del instituto de las hermanas
de la Madre Teresa de Calcuta. Información más
detallada sobre ellos y sus actividades Ustedes la pueden
encontrar en parroquias
y misioneros.
Instituto del Verbo Encarnado
El Instituto
del Verbo Encarnado, al cual le fue encomendada la Misión
Sui Iuris en Tayikistán, fue fundado por el Rev. P.
Carlos Miguel Buela, el 25 de marzo de 1984 en la ciudad de
San Rafael, Argentina. Recibió la aprobación
oficial de la Iglesia el 24 de mayo del 2004, como Instituto
de derecho diocesano.
El Instituto esta compuesto de tres ramas: masculina, femenina
y tercera orden. En la actualidad este cuenta con más
de 200 sacerdotes, y varios seminarios en diversos países.
Los sacerdotes miembros del Instituto trabajan, también
en más de 16 diócesis dispersas en el mundo,
a saber por ejemplo en: Argentina, Estados Unidos de América,
Rusia, Italia, España, Ucrania, Lituania, Taiwán,
Egipto, Sudan, Israel, Jordania, Túnez, Perú,
Brasil, Chile, Ecuador, Guyana, Papua Nueva Guinea, Pakistán,
Holanda, etc.
En la ciudad de Segni (Italia), comenzó a funcionar
el 7 de octubre del 2003 un Centro de Altos Estudios, el cual
esta abierto a todos los sacerdotes y seminaristas, religiosos
y religiosas, y láicos que deseen estudiar. Este Centro
pretende ser una ayuda para los misioneros y misioneras “ad
gentes” que viven en ambientes donde reina el relativismo
y sincretismo. Según el testimonio del Fundador del
Instituto: “esta Casa de estudios superiores se dedicará
de manera especial al estudio científico de Santo Tomás
de Aquino, como teólogo, filósofo y exégeta,
sin olvidarse ni descuidar todos los legítimos estudios
aportados por los teólogos, filósofos y exégetas
posteriores, y de modo particular el estudio aportado con
gran lucidez por la Cátedra de Pedro”.
Fundador del Instituto del Verbo
Encarnado
El Padre
Carlos Miguel Buela VE es sacerdote desde el 7 de octubre
de 1971. Desde el comienzo de su sacerdocio se abocó
con ahínco a la pastoral juvenil, con la convicción
de que la Iglesia se ocupa de los jóvenes “no
por táctica sino por vocación”.
Para ellos escribió “Jóvenes hacia el
tercer milenio”, libro que va por la quinta edición
y fue premiado en la Feria Internacional del Libro como “mejor
libro sobre Religión y Espiritualidad”. También
es autor del “Catecismo de los Jóvenes”,
“Modernos ataques contra la familia” y "Sacerdotes
para siempre", "La Santa Misa" y de numerósos
artículos publicados en diversas revistas. Incansable
predicador y gran propulsor de los Ejercicios Espirituales
de San Ignacio de Loyola.
El 25 de marzo de 1984 funda el Instituto del Verbo Encarnado
y tres años después el Instituto de las Servidoras
del Señor y de la Virgen de Matará, rama femenina
de la Familia religiosa del Verbo Encarnado. Ambos Institutos
han sido aprobados y cuentan con una rama contemplativa y
otra activa. Su carisma es la prolongación de la Encarnación
del Verbo en todos las manifestaciones del hombre y su fin
específico la evangelización de la cultura.
El Padre Buela fue Superior General de la rama masculina durante
diez años. Fundó tres Hogares de Caridad para
niños deficientes y huérfanos, y dos colegios
secundarios humanistas.
Desde
su fundación la Familia del Verbo Encarnado se encuentra
bajo el patrocinio
de Nuestra Señora de Luján. Impulsados por el
mismo amor a Maria, misioneros y misioneras del Verbo Encarnado
en distintas partes del mundo han querido instaurar esta peculiar
advocación, llevando réplicas de la Virgen de
Luján a los siguientes países: Canadá,
Estados Unidos de América, Egipto, China, Papua, Italia,
Rusia, Ucrania, Brasil, Perú, Sudán, Taiwán
y por supuesto Tayikistán, lugar donde la Virgen de
Luján fué proclamada Patrona de la Iglesia Católica.
www.padrebuela.com.ar
El fin especifico del Instituto del Verbo Encarnado, pone
de manifiesto lo siguiente: “..comprometemos todas nuestras
fuerzas para inculturar el Evangelio, o sea, para prolongar
la Encarnación en “todo hombre, en todo el hombre
y en todas las manifestaciones del hombre”, de acuerdo
con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia.....”.
Las Constituciones señalan también una realidad
ya mencionada por el Concilio Vaticano II en el documento
Gaudium et Spes n. 43 y que representa el drama de los tiempos
modernos, que es la ruptura entre la fe y la vida diaria.
Dicho divorcio es uno de los graves errores de nuestra época,
que ha llevado a la descristianización de la cultura.
Por este motivo, el Instituto quiere dedicarse “a
la evangelización de la cultura, es decir trabajar
para transformar con la fuerza del Evangelio los criterios
de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés,
las líneas de pensamiento, las fuerzas inspiradoras,
los modelos de vida de la humanidad, para que estén
imbuidos de la fuerza del Evangelio, los modos de pensar,
los criterios de juicio, las normas de acción”
(Constitución n. 26)
Las Constituciones afirman también que el fundamento
de nuestro Instituto es Jesucristo: “queremos fundarnos
en Jesucristo, que ha venido en la carne (1 Jn 4,2), y en
sólo Cristo, y Cristo siempre, y Cristo en todo, Cristo
en todos, y Cristo Todo, porque la roca es Cristo y nadie
puede poner otro fundamento (1 Cor 3,11)”. (Constituciones
n. 7) |