El mes de la Santisima Virgen Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: En este mes de Maria, en el cual veneramos con especial devoción a nuestra querida y amada Madre, quisiera, compartir con Ustedes la riqueza de la doctrina de la Iglesia, respecto al culto de la Santisima Virgen Maria. En efecto, nosotros veneramos con especial tributo y amor a la Madre de Dios, ahora bien ¿cuáles son los motivos o mejor aún, cual es la naturaleza y el fundamento del culto de la Santisima Virgen en la Iglesia?. ¿Por qué acudimos e imploramos la protección e interseción de la Virgen Maria?..¿Por qué pedir la interseción de Maria si uno puede rezarle directamente a Jesús?. Son preguntas, que a veces nos hacen nuestros hermanos separados, o tal vez nosotros mismos alguna vez nos podemos preguntar y no sabemos a quien acudir para obtener respuestas. Trataremos entonces, de ir respondiendo, con la ayuda del Magisterio de la Iglesia, “guia segura con el cual nunca vamos a naufragar” y por supuesto con algunos fundamentos de la Sagrada Escritura. A lo largo de la historia de la Iglesia muchos se han planteado este tema. No pocas veces ha sido causa de confusión, de falta de tolerancia y de división entre los cristianos. Pero vayamos por parte, explicando en primer lugar, cual es la naturaleza y el fundamento del culto a la Santisima Virgen Maria, Madre de Dios. La Santisima Virgen es honrada con especial culto por la Iglesia, y la razón es porque: María, con la gracia de Dios, después de su Hijo, fue ensalzada por encima de todos los ángeles y los hombres, en cuanto que es la Santísima Madre de Dios, la cual además intervino en los misterios de Cristo. Y así en efecto, desde los tiempos más antiguos la Santisima Virgen es venerada con el titulo de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas. El culto hacia María creció admirablemente en la veneración y en el amor, en la invocación e imitación, según palabras proféticas de ella misma: "Me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi " (Lc 1,48). Así lo confirma el Concilio Vaticano II, en la Constitución “Lumen Gentium”, en el número 66 del capítulo 4, donde habla precisamente de la naturaleza y fundamento de este culto: “Este culto, tal como ha existido siempre en la Iglesia, aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración, que se rinde al Verbo Encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente. En efecto, las diversas formas de la piedad mariana, que la Iglesia ha aprobado dentro de los límites de la doctrina santa y ortodoxa, según las circunstancias de tiempo y lugar y según el carácter y temperamento de los fieles, no sólo honran a la Madre. Hacen también que el Hijo , Creador de todo (cf. Col 1,15-16), en quien quiso el Padre eterno que residiera toda la plenitud (Col 1,19), sea debidamente conocido, amado, glorificado y que se cumplan sus mandamientos”. Es entonces, muy importante para todos nosotros tener esta doctrina y enseñanza muy clara y asumida, no solo para dar fundamento de nuestra fe, sino también para vivir con mayor plenitud nuestra veneración, amor, consagración y culto a la Santisima Virgen. Los católicos adoramos sólo a Dios y rendímos un culto especial a la Virgen y a los Santos que no es de adoración, sino de veneración. Adoramos a Dios y veneramos a la Virgen y a los Santos. Así lo enseña la Iglesia y lo ha enseñado siempre. Adoración consiste en someterse completamente a una persona, reconocida como Ser Supremo. Por lo tanto este culto se debe sólo a Dios. “Adorarás al Señor tu Dios y a El sólo servirás”(Mt. 4, 10). Veneración consiste en rendir homenaje a una persona por algún mérito especial (excelente santidad, sabiduría sobresaliente, etc.). Es el culto que rendimos a la Virgen María, a los Angeles y a los Santos. La
segunda cuestión, que nos hemos planteado es ¿por qué pedir
la protección e intercesión de María si uno puede
rezarle directamente a Jesús?". Recuerden que el primer milagro lo realizó Jesús en las Bodas de Caná por pedido de su madre, María, que movida por la compasión consiguió intercediendo ante su Hijo, el primero de los milagros de Jesús. ¿Entonces Ella puede interceder por nosotros ante su Hijo?. Si queridos, así lo hace hasta el día de hoy!. Nuestro culto a la Santísima Virgen María no disminuye nuestro culto a Cristo, sino que lo acrecienta, pues la Madre siempre nos lleva al Hijo: “haced lo que El os diga” (Jn. 2, 5). Es claro que uno solo es nuestro Mediador, como lo confirma el apóstol San Pablo: “Dios en efecto, es uno, y uno el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entrego a sí mismo como rescate por todos” (1 Tim 2,5-6) De ninguna manera la misión maternal de Maria, disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo. Acaso ¿no le pedimos con frecuencia a alguna persona que nos acompañe a orar por algo o por alguien, o que ore por una necesidad específica? ¿Cuál es el problema, entonces? Cristo, efectivamente, es el Mediador especial, el único Mediador que es Dios y Hombre. Pero su función de ser el único Mediador Dios-Hombre, no queda comprometida o reducida por el hecho de que alguien más interceda por nosotros. Quiere decir que puede haber otros mediadores, sin que la mediación de Cristo quede comprometida, como lo recomienda el mismo San Pablo, pide que se hagan “peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres”, recalcando que “estas oraciones son buenas y Dios nuestro Salvador las escuchará” (1 Tim. 2, 1-3). ¿Qué es esto? sino intercesión y mediación de unos por los otros Queda claro, entonces, que aunque Cristo sea el único Mediador Dios-Hombre, no significa esto que debamos abstenernos de pedir la mediación de otros seres humanos y, muy especialmente, la mediación de los seres humanos que están en el Cielo, que son reconocidos como Santos por la Iglesia, ya que -según nos dice Santiago en su Carta- “la súplica del justo tiene mucho poder” (St. 5, 16) Estos son algunos de los motivos que hemos encontrado, en la cuestión que nos hemos planteado, en el mes de María. La comunidad católica de Tayikistán, se ha encomendado de manera especial a la Santisima Virgen Maria bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján. Puesto que, la Iglesia, misionera por esencia, encuentra en María un eminente modelo a seguir en su tarea de inculturación del Evangelio, de modo especial cuando es enviada por Cristo ad gentes. A lo largo de los siglos sus mejores hijos e hijas han sabido responder a las llamadas del Señor confiando totalmente sus vidas y sus diversas tareas apostólicas a la protección de la Madre de Dios. Innumerables ejemplos de santos misioneros nos muestran esto de modo concreto cuando confiaron a ella sus esfuerzos, sus dificultades y sus alegrías cotidianas en la tarea de llegar a todo hombre y a todas las culturas para proponer el Evangelio de la Redención, con la misma humildad de la Virgen. Y en ocasiones esto lo hicieron confiando a particulares advocaciones de la Santísima Virgen el patrocinio de la Misión en territorios y entre culturas donde el anuncio se realizaba por primera vez. Quiso
la Divina Providencia que la Iglesia confie al Instituto del Verbo
Encarnado -nacido en Argentina- el trabajo misionero en estas tierras.
Una imagen de Nuestra Señora de Luján enviada por su
Fundador es desde hace ocho invocada por nosotros y a ella pedimos
la protección e inspiración para la inmensa tarea encomendada
y apenas comenzada de la “Plantatio Ecclesiae”. |