El Evangelista San Juan nos revela en un pasaje de su evangelio, que Dios nos ama, y primero: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna” ( San Juan 3,16).
Dios es Amor, la gran verdad de fe, que debería ser en líneas de principios, la primera sublime verdad que deberíamos conocer acerca de Dios. Un Dios que nos ama, porque Dios es Amor, dice San Juan. Por lo tanto, sería entonces importante que todos nosotros hiciésemos conocer esta sublime y suprema verdad, a los niños, a los catecúmenos, a los no creyentes, a aquellos que todavía no han escuchado sobre Dios y sus misterios.
Jesús nos revela que Dios es Amor, el Padre es el amor infinito, el Hijo es el Verbo Amor, la Palabra de Amor del Padre, unidos Ambos por el divino Espíritu de Amor. Por otro lado, nos muestra a la vez, el acto supremo, la obra maestra de Dios, la máxima manifestación de su amor hacia nosotros. Dios nos amó primero y no crean que nos amó por nuestros buenos méritos o atractivos personales, ni siquiera porque nosotros nos hubiésemos arrepentido de nuestros pecados.
Dios se adelantó a ofrecernos la gracia para que pudiéramos arrepentirnos, San Pablo lo expresa de la siguiente manera:
-“Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡Con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! (Rom 5,10)
“...Dios rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo, por gracia habéis sido salvados”. (Efesios, 2,4 -5 )
“Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y las suprimió clavándola en la cruz” (Col, 2,14)
En este mes de junio también vamos a rezar, por la santificación de los obispos, sacerdotes, diáconos, y de todos aquellos que se están preparando al sacerdocio. Especialmente, para que, como nos exhorta el Papa Benedicto XVI, “no antepongamos nada al amor de Cristo”. Es un deber, de todo fiel cristianos rezar por sus pastores, también por todos los consagrados, religiosos y religiosas, para que todos seamos santos, sublime vocación a la cual todos estamos llamados.
Por ultimo, la misma Virgen nos ofrece su Corazón Inmaculado, que es ternura y dulzura, pero también exigencia de oración, sacrificio, penitencia, generosidad y entrega. No basta el culto, hay que imitar sus virtudes. También la Santísima Virgen María , Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos con su Hijo Jesús. Amen.
|